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¿Cuándo vender acciones? 5 reglas que te ayudarán en 2019

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ahorrador ninja Soy el Ahorrador Ninja. Tengo 38 años. Vivo en una casita cerca de los Pirineos y planeo retirarme en 7 años gracias a los fondos indexados. Gasto menos de 18.000 euros al año y escribo en este blog para matar el mono de tocar mis inversiones a largo plazo.
Actualizado en octubre, 2019

Las cuatro primeras reglas para saber cuándo vender acciones son aplicables para todos los inversores bursátiles, mientras que la quinta regla es relevante sobre todo para quienes inviertan por dividendos.

Los que usamos plataformas de inversión online para gestionar nuestras acciones, nos damos cuenta de que cuesta evitar mirar cada dos por tres… Aún así, hay que tener en cuenta estas 4 reglas básicas para saber cuándo hacerlo.

Esto lo he sacado a base de estudios financieros y experiencias personales.

Regla de venta 1: la capacidad de la empresa de tener ganancias en el largo plazo está dañada

Las ganancias preceden a los precios de las acciones a lo largo de periodos de tiempo prolongados. Según un estudio que analizó rentabilidades de acciones entre marzo de 1990 y noviembre de 2010, las acciones con la tendencia más sólida en cuanto a crecimiento de ganancias lograban una rentabilidad del 11,5% anual.

Por contra, las acciones con el crecimiento más débil rentaban sólo un 1,5% al año. A lo largo de este periodo, el Índice S&P 500 ganó un 6,3% al año.

Warren Buffett realizó una observación en este mismo sentido:

Nuestras acciones son las que nos dicen si nuestras inversiones son rentables de acuerdo con sus resultados operativos, y no según las cotizaciones diarias o incluso anuales. Es posible que el mercado ignore el éxito de una empresa durante un tiempo, pero acabará por confirmarlo.

Dicho de otro modo, las empresas que son capaces de crecer en cuanto a su valor con el tiempo acabarán viendo cómo los precios de sus acciones suben con las ganancias.

El principal signo que nos indica cuándo vender acciones es que consideremos que la capacidad de la empresa de obtener beneficios a largo plazo se ha visto perjudicada de forma permanente.

Se trata de algunas de las decisiones más difíciles que se pueden tomar, y pueden hacer que una inversión sea exitosa o un fracaso.

Si fuera fácil, podríamos saber rápidamente cuándo vender acciones y, al mismo tiempo, invertiríamos más en acciones de alta calidad que estén infravaloradas de forma injusta.

Lo mejor que podemos hacer para saber cuándo vender acciones es intentar entender los factores que están perjudicando actualmente a la empresa. Pregúntate si los motivos por los que la acción pasa por un mal momento tienen una naturaleza transitoria o permanente.

Es probable que problemas como la devaluación de la divisa o un crecimiento escaso de la economía se resuelvan por sí solos en uno o dos años, por lo que podría darse una oportunidad de compra.

Sin embargo, los cambios en las preferencias de los consumidores y una nueva competencia procedente de China podrían perjudicar permanentemente a la rentabilidad de una empresa y a su capacidad de crecimiento en el largo plazo.

Intentar clasificar los factores que perjudican a la empresa en una de estas dos categorías (debilidades transitorias o permanentes) puede hacer que te centres en los aspectos fundamentales para que te sea más fácil tomar una decisión sobre cuándo vender acciones o aumentar tu posición en ellas.

Regla de venta 2: la valoración de la acción ha alcanzado niveles excesivos

Algo similar pasó en diciembre de 2017, cuando la gente se preguntaba si era rentable invertir en criptomonedas.

Si los fundamentales de una empresa van como esperábamos, es preferible no vender nunca, o hacerlo con poca frecuencia. Sin embargo, el precio de una acción se desvía significativamente de su valor intrínseco por varios motivos, muchos de los cuales están ligados a nuestros sesgos emocionales y nuestra mentalidad de rebaño, por lo que se generan auges y declives.

La ratio precio-beneficios (en inglés, P/E, PER, o price-to-earnings) del S&P 500 a largo plazo es de alrededor de 15, y el mercado siempre vuelve a la media con el tiempo. Es preferible no pagar más de 20 veces los beneficios, y empezar a sospechar de las acciones en las que hayamos invertido si el PER es superior a 30.

Se trata sólo de una regla general para ayudarnos a ser conscientes de la existencia de un riesgo de valoración. En cualquier momento, es posible que tengamos acciones que estén infravaloradas y otras que estén sobrevaloradas.

Manteniendo una cartera bien diversificada, los riesgos de valoración de las empresas específicas tienden a cancelarse, por lo que es el factor menos habitual para determinar cuándo vender acciones.

Regla de venta 3: la posición alcanza un tamaño incómodo

Es posible que algunos piensen que tener este problema es algo positivo. Por ejemplo, en una de nuestras carteras compramos acciones de Boeing en 2015. Nuestra inversión se ha más que duplicado, llegando a suponer más del 8% del valor total de la cartera.

Y aunque la perspectiva a largo plazo de Boeing era genial, el tamaño de la posición había alcanzado un tamaño incómodamente grande.

Es preferible no invertir más del 5% de una cartera en una única empresa. Incluso en ese caso, la inversión debe ser en una empresa de calidad muy elevada, con un margen bastante estrecho en cuanto a los distintos resultados potenciales.

Así que para asumir menos riesgos y mantener un nivel más cómodo de diversificación, recortamos nuestra posición en Boeing en alrededor de un tercio.

En cualquier caso, dependiendo de cuál sea la tolerancia al riesgo del inversor y de cuántas posiciones mantenga abiertas, es posible que esta regla no suponga un problema a tener en cuenta.

Regla de venta 4: tenemos una mejor idea de inversión

Hasta los “mejores” inversores meten la pata eligiendo casi la mitad de sus acciones. El mundo es un lugar dinámico, y el mercado tiende a ser bastante eficiente. Por suerte, las ganancias de las acciones ganadoras son más que suficientes como para compensar las pérdidas.

La clave es que la mayoría de las carteras casi siempre tienen al menos unas pocas acciones que, en el mejor de los casos, no suponen ganancias dignas de destacar.

Aunque la paciencia es una virtud, puede merecer la pena buscar oportunidades únicas para abrir posiciones más convincentes. De esta forma, podemos usar esta circunstancia como criterio para saber cuándo vender acciones.

Es posible que una acción disponible a un precio atractivo tenga un dividendo más seguro, o un modelo de negocio de mejor calidad, una mayor rentabilidad, o una mejor perspectiva a largo plazo. En estas situaciones, que no son habituales, merece la pena intercambiar estas acciones por otras que nos convenzan menos.

Regla de venta 5: la seguridad del pago de dividendos está en riesgo

Si lo que buscas es vivir de dividendos, para los inversores conservadores en dividendo creciente, dicho dividendo suele ser indicativo de una empresa financieramente sana y rentable. Además, los dividendos pueden financiar jubilaciones y necesidades de ingresos pasivos.

Por lo tanto, lo último que quieren experimentar estos inversores es un recorte en los pagos de dividendos, lo que puede ser indicativo para saber cuándo vender acciones.

Muchos inversores venderán inmediatamente una acción después de que haya decidido recortar su dividendo. Sin embargo, lo mejor es cerrar la posición antes de que se produzca dicha reducción. De esta forma, es posible estimar el riesgo de un recorte en el dividendo analizando las métricas financieras más importantes de una empresa (ratios de pagos, niveles de deuda, crecimientos de los últimos beneficios, etc.).

Para facilitar este análisis, podemos crear un sistema de puntuación de las distintas empresas según una serie de parámetros que consideremos oportunos. Así, podremos usar esta puntuación para saber cuándo vender acciones ante la sospecha de que puedan producirse recortes en los dividendos.

Deja las emociones a un lado para decidir cuándo vender acciones

La analogía de la granja que Warren Buffett expuso en su carta a los accionistas es una de mis lecciones favoritas sobre cómo deberíamos responder ante las fluctuaciones diarias del precio de nuestras acciones:

“Hay una diferencia fundamental entre mis dos pequeñas inversiones inmobiliarias y una inversión en acciones. Las acciones te proporcionan valoraciones al minuto de tus posiciones, mientras que todavía no he visto una valoración ni de mi granja ni de mi propiedad en Nueva York.

Disponer de esas valoraciones tan fluctuantes de las posiciones debería ser una enorme ventaja para los inversores en acciones. Y para algunos, lo es.

Después de todo, si un hombre malhumorado con una granja pegada a mi propiedad me gritase cada día un precio al que podría comprar mi granja o venderme la suya (y esos precios variasen enormemente a lo largo de periodos cortos de tiempo dependiendo de su estado mental), ¿cómo no podría beneficiarme de su comportamiento errático?

Si el precio que gritase un día fuera ridículamente bajo y tuviera dinero disponible, compraría su granja. Por contra, si la cantidad que gritase fuera absurdamente alta, podría venderle mi granja o seguir con ella.

Sin embargo, a menudo los dueños de acciones dejan que el comportamiento caprichoso y a veces irracional de otras personas que poseen esas mismas acciones les influya para comportarse también de forma irracional. Como hay tanto parloteo sobre los mercados, la economía, los tipos de interés, el comportamiento de los precios de las acciones, etc., algunos inversores piensan que es importante escuchar a los comentaristas. Y, lo que es peor, creen que es importante plantearse actuar según sus comentarios.

Esas personas que no se pueden sentar calladas durante décadas cuando tienen una granja o un apartamento, a menudo se vuelven frenéticas cuando se ven expuestas a un flujo de precios de acciones y a comentaristas que difunden un mensaje implícito de “no te quedes sentado, haz algo”. Para esos inversores, la liquidez es una maldición en lugar del beneficio que debería ser.”

En resumen: no vendas tus acciones si puedes evitarlo

Recuerda: no vendas sólo porque tus acciones hayan caído. Si quieres determinar cuándo vender acciones, analízalas en su contexto.

En su momento, impartí una clase sobre finanzas. Un día, me puse frente a la clase y dibujé en la pizarra una imagen de una acción en caída. Luego, me volví hacia los alumnos y les pregunté, “¿qué debería hacer?”

Parte de la clase gritó “¡vender!”, y otros dijeron “¡mantenerla!”, mientras que un par de personas balbucearon “comprar más”.

Sin embargo, ninguno de ellos había dado en el clavo. Lo cierto es que para saber cuándo vender acciones, necesitas más contexto. Si una acción como (por ejemplo) Apple cae un montón, debes analizar el contexto que la rodea y hacerte preguntas como:

  • ¿El mercado está cayendo en general?
  • ¿Otras empresas similares también están cayendo?
  • ¿Apple se había comportado antes así? ¿Qué ocurrió esas veces?

Responder a estas preguntas te proporcionará mucho más contexto sobre la situación. Eso puede tranquilizarte y ayudarte a tomar mejores decisiones.

Mi sugerencia para estar pendiente de tus acciones sería que configurases alertas mediante tu broker para que recibas notificaciones sobre cambios importantes en la industria.

Sin embargo, debes ser consciente de que el 99,999999% de los consejos que leerás por ahí sobre cuándo vender acciones son puro alarmismo.

En relación a las acciones, siempre debes tener presentes dos cosas:

  1. Los profesionales se equivocan casi siempre. Las acciones que eligen los analistas no suelen ser mejores que las escogidas de forma aleatoria. De hecho, ni siquiera los gestores profesionales son capaces de apenas batir al mercado. En otras palabras, no es que siempre tengan un peor rendimiento, pero sí que lo tienen un montón de veces. Como dice William Bernstein, autor de “El inversor inteligente”: “hay dos tipos de inversores, ya sean grandes o pequeños: los que no saben a dónde se dirige el mercado y los que no saben que no lo saben”.
  2. En su mayoría es sólo ruido. El hecho es que si eres un inversor a largo plazo (y deberías serlo), no necesitas vigilar tus acciones a diario. Ni siquiera tienes que echarles un vistazo todas las semanas. Los cambios diarios en las acciones son casi siempre ruido, sin más. Y muy pocas (es decir, casi ninguna) de tus inversiones estarán determinadas por las noticias de un día.

Ideas finales

Combatir estas peligrosas tendencias no es una tarea sencilla. Sin embargo, puede sernos de gran ayuda seguir un plan sencillo que

  1. nos coloque en una posición emocionalmente estable en la que podamos pensar de forma racional evitando la operativa innecesaria;
  2. analice de manera crítica los factores que influyen en el bajo rendimiento de una acción, clasificándolos como problemas temporales o permanentes; y…
  3. nos comprometa con un horizonte de inversión a largo plazo.

Todos hemos pasado por lo mismo. Una de nuestras acciones ha bajado un 30% desde el momento en el que la compramos, y sabemos que es el momento de tomar una decisión difícil: ¿debería vender las acciones o es el momento de aumentar la posición?

Aunque la respuesta a esta pregunta nunca es fácil, siguiendo los consejos que te hemos proporcionado dispondrás de varios recursos valiosos que te proporcionarán pistas sobre cuándo vender acciones.

A día de hoy tengo un boletín conjunto con el Capitalista Ninja. Hablamos de finanzas, negocios y fiscalidad internacional.

Publicamos pocos artículos porque nos los curramos mucho.

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